Un día, una científica

Un día, una científica

Buenos días,

Os presentamos nuestra iniciativa para celebrar el Día de la Mujer y la Niña en Ciencia. Durante lo que queda de mes, pondremos cada día, una científica en la lista que habrá más abajo con algunas de sus contribuciones a la ciencia.

Nos encantaría conocer cuál es vuestra científica favorita. Mientras, esperamos que lo disfrutéis 🙂

Marie Curie

 

Nació como Maria Salomea Skłodowska en 1867, en Varsovia como la hija más pequeña de un matrimonio con 5 hijos. Su padre daba clase de física y matemáticas mientras que su madre era maestra, pianista y cantante.

Debido a la prohibición a las mujeres de acceder a la universidad, tuvo que realizar sus estudios en la universidad clandestina llamada “Universidad Flotante” de Varsovia. Hizo un trato con su hermana por el que fue a París para seguir con sus estudios superiores.

Ahí fue una de las 27 de mujeres en su curso de entre los casi 400 alumnos. En 1893 obtuvo su primer título universitario, en física, y en 1894 obtuvo el segundo, en química.

A partir de ahí comenzó su carrera científica investigando las propiedades magnéticas de algunos aceros por encargo de la Sociedad para el Fomento de la Industria Nacional. Conoció a Pierre y el interés por la ciencia de ambos les unió. Este incluso pudo ofrecer a Marie un lugar adecuado donde llevar a cabo sus investigaciones.

En 1894 Pierre le propuso matrimonio a Marie pero ella le rechazó con la perspectiva de intentar conseguir un trabajo en su área de estudio en su Polonia natal. Viajó hasta ahí y trabajó, durante un año entero, sin éxito, ya que la Universidad de Varsovia la rechazó por su condición de mujer.

Pierre consigue convencerla de volver a París hablando de su posibilidad de realizar un doctorado y hablando de sus investigaciones sobre el magnetismo. En 1895, poco después de su vuelta a París, ambos contraen matrimonio.

Para la realización de su doctorado, se fijó en el trabajo de Henri Becquerel, que había observado una actividad que emanaba de algunos minerales, pero que no sabía explicar.

Todos esos minerales contenían uranio y parecía que la radiación que emitían emanaba desde el propio elemento y no de su interacción con otros elementos presentes en el mineral. Tampoco hacía falta excitar el mineral con ninguna fuente de luz como pasaba, por ejemplo, en el caso de la fosforescencia. Además, la presencia de uranio hacía que el aire de alrededor condujese la electricidad. Todo ello desafiaba la teoría de que el átomo era indivisible.

Prosiguiendo con sus investigaciones, pudo observar la actividad de otros minerales en los que la cantidad de uranio era menor. Sin embargo, algunos de ellos presentaban una actividad mucho más intensa, lo que la hizo concluir que había otros elementos, además del uranio, que presentaban actividad. Comenzó una búsqueda sistemática de dichos elementos que, en 1898, concluyó con el descubrimiento de que el torio también era radiactivo.

Siguiendo con la búsqueda y comparando sus descubrimientos con los elementos conocidos, pudo observar que aparentemente había un elemento, aún desconocido, que emitía mucha más radiación que el uranio. Utilizando un medidor de actividad de su propia invención, pudo medir, de manera precisa la actividad que se esperaba del nuevo elemento. En 1898 fue cuando dieron a conocer al mundo su hallazgo: un elemento llamado polonio, en honor de la Polonia natal de Marie.

1898 fue también el año en el que Marie sufrió los primero síntomas de la enfermedad por radiación: una inflamación en las yemas de los dedos; que la acompañaría durante el resto de su vida pero que no relacionó con sus investigaciones en el momento.

A finales de 1898 el matrimonio dio a conocer un segundo elemento radiactivo que habían descubierto: el radio. Con él acuñaron el término de radiactividad.

El radio era un elemento muy escaso, así que los años siguientes se dedicaron sobre todo a conseguir mayores cantidades del material para poder estudiarlo hasta que en 1902 consiguieron medir su masa atómica.

Entre 1898 y 1902, los Curie publicaron un total de 32 trabajos científicos en los cuales anunciaban que, cuando un ser humano se exponía al radio, las células enfermas y formadoras de tumores eran destruidas más rápido que las células sanas, sentando así las bases de la radioterapia.

En 1900 Marie Curie se convirtió en la primera mujer en ser catedrática de la Escuela Normal Superior y en 1903 pudo defender su tesis doctoral bajo del título de Investigaciones sobre las sustancias radiactivas, dirigida por Becquerel, con mención cum laude.

A partir de ese momento se empezó a desarrollar una industria basada en la radiactividad pero, al no haber patentado el descubrimiento, los Curie recibieron muy poco beneficio por ello.

1903 fue un año lleno de premios para los Curie, ya que recibieron la medalla Davy, al descubrimiento más importante en el campo de la química, por la Real Sociedad de Londres y el premio Nobel, otorgado por la Academia Sueca.

El premio Nobel, en la disciplina de física, lo compartieron con Henri Becquerel en Reconocimiento por sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de la radiación. Así, Marie Curie se convirtió en la primera mujer galardonada con el premio. Sin embargo, solo pudo obtenerlo gracias a la insistencia de algunos científicos, entre ellos, su marido Pierre. Al principio, el comité sueco estaba en contra de entregar el premio a una mujer, pero Pierre dejó claro que lo rechazaría si no se reconocía la labor de ella. De vuelta en casa, en Francia, el papel de Marie era menospreciado por la prensa francesa debido a su origen polaco.

En 1906 murió Pierre atropellado por un carro de caballos, lo que dejó muy afectada a Marie. Ella, sin embargo, quería proseguir con sus investigaciones y rechazó la pensión vitalicia que le correspondía. La Universidad de París le ofreció el puesto que había sido creado para Pierre haciendo así que se convirtiera en la primera mujer en ser profesora en esa institución y en la primera directora de un laboratorio de investigación de la misma.

Mientras que en Francia crecía la xenofobia hacia Marie Curie, el reconocimiento por su trabajo fuera del país iba en constante aumento, hasta el punto de que, en 1911, la Academia Sueca le otorgó un segundo premio Nobel, en este caso de Química Por sus servicios en el avance de la química, por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de ese elemento. En esta ocasión no compartió el premio con nadie. Se convirtió en la primera persona en conseguir dos premios Nobel (compartidos o en solitario) de las solo cuatro personas que lo han conseguido en toda la historia de los Nobel.

La prensa francesa apenas cubrió el evento, pero la dotación económica que acompañaba el premio ayudó a Marie a convencer al Gobierno francés para apoyar la construcción del Instituto del Radio, terminado en 1914.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial Marie intentó alistarse en el ejército polaco, pero no lo consiguió, así que decidió ayudar a su segunda patria: Francia.

En pocos meses aprendió anatomía y mecánica y creó las unidades móviles de radiología que llevó al frente para ayudar a los cirujanos a tratar a los heridos en la guerra. Los vehículos se llamaban “ambulancias radiológicas” pero pronto todo el mundo se refería a ellas como las petit Curie. En 1916 Marie se convirtió en una de las primeras mujeres en obtener el carné de conducir para poder manejar las unidades ella misma.

Asistida por su hija Irène, y solo en el primer año de guerra, consiguió instalar veinte unidades móviles de radiología y otras doscientas unidades radiológicas en los hospitales provisionales. Produjo también cánulas de emanaciones de radio que ayudaban al tratamiento de los tejidos infectados. A partir del segundo año de guerra comenzó a instruir a otras mujeres a manejar las unidades de radiología por todo el frente.

En total, se estima que ayudó al tratamiento de más de un millón de soldados.

Cuando llegó el final de la contienda, las reservas de radio de las que disponía el instituto de París estaban prácticamente agotadas así que, durante los años siguientes, Marie Curie tuvo que hacer una intensa labor de recaudación de fondos para poder proseguir con sus investigaciones.

Así, en 1922 realizó un viaje a Estados Unidos, acompañada por sus dos hijas y una periodista. Ahí visitó numerosas universidades y centros de investigación, pero la prensa americana restó méritos a su labor como científica diciendo que era la persona que había encontrado la cura definitiva contra el cáncer (refiriéndose a la radiología). A pesar de las grandes protestas de Marie y sus largas explicaciones sobre los efectos adversos de la técnica, la opinión pública no cambió.

A lo largo de los años siguientes visitó numerosos países para dar charlas sobre sus investigaciones y recaudar fondos, pero su salud iba empeorando cada vez más comenzando a impedirle hacer todas las apariciones que deseaba.

Con todo consiguió poner la primera piedra para el Instituto del Radio de Varsovia en 1925 y hacer un segundo viaje a Estados Unidos en 1929. El radio conseguido en ese segundo viaje lo dedicó enteramente al Instituto de Varsovia.

Finalmente murió en 1934 a causa de la anemia aplásica, probablemente provocada por la radiación a la que estuvo expuesta en su trabajo. Actualmente, sus restos descansan junto a los de Pierre en el Panteón de París y sus féretros están abiertos al público.

Sus trabajos se siguen guardando en cajas forradas con plomo debido a la gran cantidad de radiación que todavía desprenden.

 

Gerty Cori

Gertrude Theresa Radniz nació en Praga, en 1896. Su padre era químico y se convirtió en gerente de una fábrica de azúcar gracias a la creación de un método exitoso de refinación. Su madre una mujer extremadamente culta y sofisticada, amiga de Kafka.

Los estudios de Gerty comienzan en casa, con profesores particulares, hasta que alcanza la edad de 10 años y es admitida en el Liceo femenino. Desde pronto empezó a sentir gran interés por la medicina y, en 1914, aprobó el examen de acceso a la Universidad de Praga.

Ahí estudió hasta obtener su doctorado en 1920. También fue el lugar en el que, además, conoció a su marido, Carl Cori, con quien investigaría durante el resto de su carrera.

Se casó en 1920 y, poco después el matrimonio emigró a Viena en busca de mejores oportunidades. Ahí, Carl trabajó en un laboratorio y Gerty en un hospital infantil, donde desarrolló investigaciones sobre regulación de la temperatura, cambios en la temperatura antes y después del tratamiento de patologías de la tiroides y sobre trastornos de la sangre.

Tras la Primera Guerra Mundial la vida se volvió muy difícil: la escasez de alimentos y el creciente antisemitismo llevaron a la pareja a mudarse a Búfalo, Nueva York (Estados Unidos) en 1922. Allí trabajaron en el Instituto Estatal para el Estudio de Enfermedades Malignas (actualmente Roswell Park Cancer Institute). En 1928 se convirtieron en ciudadanos naturalizados de los EEUU.

Juntos (pese a las presiones para que no colaboraran) investigaron el metabolismo de los carbohidratos, es decir, qué reacciones químicas sufren los glúcidos, como la glucosa o la fructosa, en un organismo. Se especializaron en el metabolismo humano de la glucosa y las hormonas que regulan el proceso.

Publicaron cincuenta artículos mientras estuvieron en Roswell, que firmaba como primer autor quien hubiera hecho la mayor parte del estudio. Gerty publicó once artículos como único autor.

En 1929 propusieron el ciclo de Cori, ciclo teórico que les hizo ganar el premio Nobel en 1947. Este ciclo representa la integración entre la glucólisis (destrucción de la glucosa) y la gluconeogénesis (generación de la glucosa) de diferentes tejidos del cuerpo. Consiste, básicamente, en que los músculos se alimentan principalmente de glucosa, que llega desde el hígado a través de la sangre. Las células musculares, al alimentarse, transforman la glucosa en lactato, que la sangre transporta hasta el hígado, que la transforma de nuevo en glucosa.

Tras esta publicación dejaron Roswell, y algunas universidades ofrecieron trabajo a Carl pero se negaron a contratar a Gerty, hasta que en 1931 la Universidad de Washington (San Luis, Misuri) contrató a los dos: a él como investigador, a ella como investigador asociado, con un sueldo diez veces inferior al de Carl. En 1943 ascendió a profesor asociado de investigación en Bioquímica y Farmacología y, meses antes de ganar el Nobel, a profesor titular.

La colaboración con su marido siguió dando frutos: en sus estudios con músculo de rana molido descubrieron el compuesto inicial en la conversión del glucógeno: la glucosa-1-fosfato (ahora conocida como éster de Cori) y la enzima que cataliza su formación, la glucógeno fosforilasa.

Justo antes de ganar el Nobel Gerty fue diagnosticada de mieloesclerosis, una enfermedad mortal de la médula ósea. A pesar de necesitar tratamiento constante siguió investigando, centrándose en las glucogenosis (enfermedades por almacenamiento de glucógeno) durante los diez años que pasaron hasta su muerte en 1957.

 

Maria Goeppert-Mayer

Hoy os dejamos con la física teórica que creó el modelo de capas nuclear, confirmado más tarde experimentalmente. Esto le supuso ganar el Premio Nobel en Física, siendo la segunda mujer ganadora en esa disciplina después de Marie Curie. Os dejamos un artículo de “Los mundos de Brana” que consideramos que explica a la perfección la gran labor científica de Maria Goeppert-Mayer: https://losmundosdebrana.com/2014/01/14/maria-goeppert-mayer-la-belleza-de-gottingen/

 

Rosalyn Yalow

Rosalyn Sussman nació en el Bronx, Nueva York, en el año 1921 y ese fue el lugar en el que pasó casi toda su vida. Era hija de Clara Sussman, procedente de Alemania y de Simon Sussman, de Nueva York, pero de una familia proveniente de Europa del Este. Ninguno de sus padres pudo obtener una educación más allá de la primaria, por lo que decidieron que iban a hacer lo posible para que sus hijos estudiasen hasta el nivel de universidad.

A lo largo de su vida se consideró a sí misma feminista, porque defendía la igualdad de oportunidades para las mujeres en la ciencia, aunque también consideraba que una mujer debía ser una buena esposa y madre, motivo por el cual dedicaba mucho tiempo a su familia.

La ciencia la apasionó desde pequeña, primero las matemáticas y luego la química y la física. Cuando entró en  el Hunter College, establecimiento para mujeres de nivel universitario (ahora Universidad de la Ciudad de Nueva York), la física estaba en un punto muy emocionante. Fue en 1939 cuando ella asistió a una conferencia impartida por Enrico Fermi en la que este explicaba el proceso de la fisión nuclear, descubierto poco antes. Este amenazaba con una posible guerra nuclear pero también abría la puerta a todo un mundo de posibilidades en la investigación médica con radioisótopos y otras aplicaciones positivas para la humanidad.

Yalow se graduó magna cum laude en el Hunter College en el año 1939. A lo largo de su vida, sus padres la habían estado animando a ser maestra de primaria, pero ella, con el apoyo de sus profesores, decidió hacer un postgrado. En 1940 obtuvo un empleo de mecanógrafa para Rudolf Schoenheimer, bioquímico de la Universidad de Columbia. Fue una manera de tener acceso a los cursos de postgrado de esa universidad.

Poco después, en febrero de 1941, recibió una oferta de trabajo de la Universidad de Illinois para ocupar una plaza de ayudante de física en el Colegio de Ingeniería de la Universidad. Los tres años que pasó en esa institución fueron los únicos que pasó fuera de la ciudad de Nueva York. Ya en la primera reunión de personal se dio cuenta de un hecho importante: era la única mujer entre los 400 miembros masculinos del equipo. También era la primera mujer que accedía desde el año 1917.

Pasó un año de mucho trabajo ya que se había matriculado en tres cursos de postgrado a la vez que daba dos cursos sin créditos a los pregraduados.  En el laboratorio obtuvo una calificación de A-, lo que llevó a su profesor a decir que eso demostraba que a las mujeres no se les daba bien el trabajo de laboratorio. Ese año conoció también a Aaron Yalow, quien comenzaba sus estudios de postgrado. Ambos se casaron en 1943.

En 1941 se produjo el ataque a Pearl Harbor, lo que supuso que muchos soldados fueron enviados a la universidad para completar su formación por los servicios del Ejército y la Marina. Al mismo tiempo, el departamento se iba quedando vacío de profesores porque eran reclutados para el frente.

Rosalyn recibió el título de máster en 1943 y en 1945 defendió su tesis doctoral con Maurice Goldhaber como director.

Se convirtió en una experta en la fabricación y manejo de aparatos para la medición de sustancias radiactivas. Volvió a Nueva York para ocupar un puesto de ingeniero asistente en el Laboratorio Fereal de Telecomunicaciones. Era la única ingeniero mujer.

En 1946 volvió al Hunter College para enseñar física a los veteranos de guerra. Para poder seguir con sus investigaciones tuvo que trabajar de forma voluntaria en el laboratorio de Edith Quimby con el objeto de aprender más sobre las aplicaciones médicas de los radioisótopos. Desarrolló varios proyectos de investigación mientras se instalaban laboratorios de radioisótopos en todos los hospitales.

En 1950 abandonó la enseñanza para dedicarse a tiempo completo a la investigación. Conoció a Solomon Berson y comenzaron una colaboración que continuaría durante 22 años hasta la muerte de él en 1972.

Comenzaron a estudiar la aplicación de los radioisótopos en la determinación del volumen de la sangre, el diagnóstico de las enfermedades del tiroides y la cinética del metabolismo del yodo.

Aplicó las mismas técnicas al estudio de la concentración de hormonas en el cuerpo, proceso para el cual es necesario utilizar isótopos radioactivos para poder marcar la molécula y seguir su camino por el cuerpo humano.

El objetivo de la investigación era averiguar si la causa de la diabetes era la formación de una enzima que destruía la insulina circulante. Los diabéticos se inyectaban insulina de origen animal que generaba anticuerpos que acababan por inactivar la insulina impidiendo que esta desapareciese. Los niveles detectados por radioinmunoensayo eran más altos en las personas sin la enfermedad porque no llegaba a consumirse. En el caso de la diabetes de tipo II lo que se observaba era una incapacidad por parte del sujeto de usar la propia insulina, algo que se conoce a día de hoy como resistencia a la insulina.

Así comenzó la era del ensayo radioinmunológico. En la década de los años sesenta se convirtió en un productivo campo de investigación con grandes aplicaciones médicas. Los creadores no patentaron el procedimiento, lo que permitió su uso libre. A día de hoy se utiliza para medir pequeñas cantidades de sustancias biológicas en el cuerpo humano. De 1961 a 1964 Rosalyn impartió cursos sobre estas técnicas a endocrinólogos.

Tras la muerte en 1972 de Solomon, Rosalyn empezó a colaborar con Eugene Strauss, autor de una biografía de Rosalyn y gran investigador. Parece que Rosalyn tuvo que demostrar a la comunidad científica que Solomon no era el único cerebro y que ella no era sólo una colaboradora, a pesar de que en ningún momento se había puesto en duda la autoría original de sus artículos.

En 1976  fue la primera mujer en recibir el Premio Lasker. Le fue otorgado en la categoría de Investigación Médica Básica por la técnica del radioinmunoensayo para detectar hormonas en la sangre.

En 1977 Rosalyn obtiene el premio Nobel de Medicina junto a Roger Guillemin y Andrew V. Schally por sus investigaciones sobre las hormonas peptídicas y sus avances en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades del tiroides, la diabetes, anomalías del crecimiento, hipertensión y esterilidad.

Además de estos honores le fueron concedidos muchos otros, incluyendo varios doctorados honoris causa, y fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos antes de su fallecimiento en 2011.

 

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